Una poesía de
Emilio, que encontré paseando por la blogsfera refleja muy bien el sentir de las gentes que vienen a este lugar paradisíaco de nuestra península.
Señora de aquellos lares
que por la Mancha pasea,
su alma aquí se recrea
visitando mis lugares,
y tomando en sus lagares
el néctar de ese buen vino,
que va alegrando el camino
con dulzura destacada,
llevándose con la mirada
lo mejor de este destino.
El agua en esta zona de Castilla la Mancha es un preciado don. Desde Ruidera, en el mirador, se puede apreciar la extensión de una de las lagunas que componen el intrincado espacio del parque donde el agua es el protagonista indiscutible.
Pero el entorno también merece especial atención. El castillo de Peñarroya, en el camino de Tomelloso a Ruidera, es un ejemplo de las construcciones medievales que se erigían en los puntos estratégicos de esta comarca.
Ya una vez en el entorno de las lagunas se puede disfrutar de un soleado día de invierno donde los rayos de sol se filtran entre los chopos y álamos blancos.
Pero el agua es el protagonista y no podíamos dejar pasar esta visita sin mostrar alguna otra fotografía de ese líquido elemento. muy cerca del cementerio de Ruidera, nace el camino que lleva en pocos metros al Hundimiento, donde se precipita una de las cascadas del río Guadiana a su paso por esta localidad que da nombre al parque.
Y ya al caer la tarde se puede degustar un delicioso café o te en la cafetería del hotel rural Albamanjón que encontraremos subiendo la carretera que lleva a Ossa de Montiel. Al pie del hotel un embarcadero recuerda las actividades que se desarrollan en los meses de verano en este lugar.